Cuano esta cosa de la empatía se vuelve un superpoder.

Es increíble como una cosa que parece tan propia de los seres humanos termina siendo algo raro, inalcanzable y ajeno.

Me parece que hemos perdido mucho y que lo ganado no remplaza nada de lo absolutamente necesario en la vida diaria. Cuando uno pierde la habilidad de ver con otros ojos, sentir con otras manos y entender otros pensamientos termina en dos cosas: un ombliguismo de tamaño colectivo a la plata o se transforma en un robot.

 

One Art

The art of losing isn’t hard to master; so many things seem filled with the intent to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster: places, and names, and where it was you meant to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster, some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.

–Even losing you (the joking voice, a gesture I love) I shan’t have lied. It’s evident the art of losing’s not too hard to master though it may look like (Write it!) like disaster.

Elizabeth Bishop

1 mes

Hoy se cumple un mes desde que empecé a cuidarme sin promesa de por medio.

Fue la mejor decisión del mundo. No someterme a la fuerza invisible de la promesa no cumplida y de la vergüenza de bajar los brazos cuando la cosa se pone difícil. Ahora puedo sumar otras cosas. Con calma.

One more time with feeling

Mil veces me dije, repetí, prometí y juré que me iba a cuidar en todos los aspectos. Esta vez no fue distinta. Lo que si fue distinto fue la fuerza y la voluntad.

Menos fuerza y voluntad que las otras veces. No empecé con ganas ni con convicciones o con exceso de informacion del por qué una mujer se tiene que cuidar particularmente en sus 20s. Still, lo hago. Esta vez llevo más tiempo del que pensé que podia soportar con una alimentación mucho más balanceada y cuidandome con la comida incluso cuando salgo.

Le sumamos gimnasio. 3 veces por semana. Pongo muchos puntos seguidos para mostrar el dolor que tengo en los brazos y en todo mi cuerpo.

Intentaré no bajar los brazos, pero no prometo nada. Al parecer funciona mejor así.

 

Otra vez me encuentro ante la capacidad de arruinar una linda tarde por medio de un pensamiento de esos que te arrebatan la cabeza y no te dejan distraer los ojos.

Nunca me gusto tanto Gwen Stefani, pero hace cosa de 2 o 3 días me encontré escuchando, de pura curiosidad, su canción “used to love you” justamente el mismo día que me encontré a la mamá de mi ex mientras caminaba con una amiga. No puedo evitar cuestionar las casualidades porque realmente no creo en ellas, pero si creo en las reflexiones que surgen de esas cosas horribles. No, no extraño a mi ex. Pero no pude evitar pensar en ese momento en el que te das cuenta que algo no forma parte de tu presente; se siente como una mezcla entre la tristeza normal que provocan las cosas que eventualmente te hicieron felices y el alivio de la falta de esas cosas felices que te hicieron sentir miserable.

Lo más triste de recordar esos momentos felices, es que ya no son felices, sino que se encuentran teñidos de una capa de “como mierda no lo vi venir” y el alivio se transforma lentamente en una pregunta: ¿Me volveré a sentir así alguna vez?

Toda acción tiene reacción

Verdad y mentira al mismo tiempo. Aunque  creo fervientemente en que todo acto lleva (y conlleva) consecuencias, hoy me encuentro con una pregunta sobre esto.

Estaba viendo “The crown” (Si, lo sé. Es muy poco pseudoprofesional de mi parte contarles que mis creencias fueron sacudidas por una serie de Netflix [La que por cierto esta muy buena; si no me creen, escuchen ese dialogo y diganme si no les removio los pensamientos un poco] y tampoco es que me quiera creer Newton agarrandome de una manzana para contarles una verdad universal) y en este capitulo la ya Reina Isabel II sentada con su abuela hablan sobre las dudas de la nueva reina con respecto a su papel en el gobierno, sus responsabilidades, su “libre” albedrio y la diferencia entre la mujer, esposa y madre Isabel y la reina Isabel. En un momento la abuela le dice que cuanto menos haga (es decir, cuanto más neutral se pueda mantener ante ciertas circumstancias) mejor. Que no toda acción, merece una reacción aunque hasta el no tener una reacción clara, es una reacción en si.

Aquí es donde me senté bien en el sillón y mis neuronas se divieron en dos grupos: las que escuchaban la serie y las que pensaban en esta cuestion.

Si todo acto o acción, trae consecuencias o tiene una reacción, la posibilidad de mantenernos neutrales a cualquier cosa es falsa. Esto, me lleva a pensar en la vida diaria, como cuando en una pelea de amigos te queres mantener neutral, es decir no decir nada ni tomar parte en la pelea, en realidad tampoco lo estas haciendo; estas tomando tu parte, la que dice llamarse silencio…pero no es silencio, porque te proclamaste neutral y eso lo único que hace es agregar una parte al conflicto que es la de no tomar parte y por lo tanto abandonar las partes. Pero…Abandonar ambas partes no es un signo de neutralidad y llamarse a silencio solo protege los intereses de una o incluso de dos partes.

Voy a dejar abierto a reflexión esto, aunque ya ven cuanto me puede afectar una serie.

Create a free website or blog at WordPress.com.

Up ↑