Gente que viene de góndola de chino

Hay compras que son opcionales como las galletitas, pero cuando vas por la góndola del super y ves sachets de leche sabes que no hay discusión posible; tenés que comprar al menos uno. Revisas todos y ves que algunos vencen el 2 cuando hoy es 12; pero dice Junio y aún es mayo así que te convences de que esta bueno, que vale la pena y lo sumás a tu compra de esenciales que lleva también tú esperanza de no haberte equivocado.

¿Cómo podrías equivocarte si lo miraste por todos lados? Hasta en las costuritas de los bordes de los envases (que las hace una maquina, pero dudas igual). Lo sacudiste en todas las esquinas y hasta le pusiste una bolsa de plástico para evitar problemas para ponerlo con cuidado en tu carrito junto a curitas (igual de importantes) y a la manteca (para que el frió no se les rompa y siga todo bien). Después llegando a la caja lo apoyaste con tanto cuidado que la gente de atrás te puteo y la cajera te miró con cara de orto, pero como queres ese sanchet tanto tanto, no te importó. Pagaste y hasta lo pusiste otra vez en una bolsa especial y particular. Todo el camino fuiste pensando en no golpear la bolsa, en las necesidades de frío del sachet y aunque te encuentres a esa persona que hace que tus pantalones se caigan sin el más mínimo movimiento, seguís de largo pensando aún en el sachet y en todo lo que podías preparar junto a él: licuados, tortas, salsas, pastas. Ya en tu casa, guardas todo antes que la leche porque si bien necesita frío, nada lo puede aplastar o machucar, o invadir el espacio especial de la leche. Así que cuando llegas  al ultimo momento del acomode, guardas el sachet en ese lugar especial en la heladera; es entonces donde se te transformó la cara: puteaste y frunciste el ceño mientras te despedías de las pastas, las tortas, las salsas y de los licuados… todo porque te diste cuenta que el 2012 fue 3 años atrás.

Cuano esta cosa de la empatía se vuelve un superpoder.

Es increíble como una cosa que parece tan propia de los seres humanos termina siendo algo raro, inalcanzable y ajeno.

Me parece que hemos perdido mucho y que lo ganado no remplaza nada de lo absolutamente necesario en la vida diaria. Cuando uno pierde la habilidad de ver con otros ojos, sentir con otras manos y entender otros pensamientos termina en dos cosas: un ombliguismo de tamaño colectivo a la plata o se transforma en un robot.

 

Otra vez me encuentro ante la capacidad de arruinar una linda tarde por medio de un pensamiento de esos que te arrebatan la cabeza y no te dejan distraer los ojos.

Nunca me gusto tanto Gwen Stefani, pero hace cosa de 2 o 3 días me encontré escuchando, de pura curiosidad, su canción “used to love you” justamente el mismo día que me encontré a la mamá de mi ex mientras caminaba con una amiga. No puedo evitar cuestionar las casualidades porque realmente no creo en ellas, pero si creo en las reflexiones que surgen de esas cosas horribles. No, no extraño a mi ex. Pero no pude evitar pensar en ese momento en el que te das cuenta que algo no forma parte de tu presente; se siente como una mezcla entre la tristeza normal que provocan las cosas que eventualmente te hicieron felices y el alivio de la falta de esas cosas felices que te hicieron sentir miserable.

Lo más triste de recordar esos momentos felices, es que ya no son felices, sino que se encuentran teñidos de una capa de “como mierda no lo vi venir” y el alivio se transforma lentamente en una pregunta: ¿Me volveré a sentir así alguna vez?

Toda acción tiene reacción

Verdad y mentira al mismo tiempo. Aunque  creo fervientemente en que todo acto lleva (y conlleva) consecuencias, hoy me encuentro con una pregunta sobre esto.

Estaba viendo “The crown” (Si, lo sé. Es muy poco pseudoprofesional de mi parte contarles que mis creencias fueron sacudidas por una serie de Netflix [La que por cierto esta muy buena; si no me creen, escuchen ese dialogo y diganme si no les removio los pensamientos un poco] y tampoco es que me quiera creer Newton agarrandome de una manzana para contarles una verdad universal) y en este capitulo la ya Reina Isabel II sentada con su abuela hablan sobre las dudas de la nueva reina con respecto a su papel en el gobierno, sus responsabilidades, su “libre” albedrio y la diferencia entre la mujer, esposa y madre Isabel y la reina Isabel. En un momento la abuela le dice que cuanto menos haga (es decir, cuanto más neutral se pueda mantener ante ciertas circumstancias) mejor. Que no toda acción, merece una reacción aunque hasta el no tener una reacción clara, es una reacción en si.

Aquí es donde me senté bien en el sillón y mis neuronas se divieron en dos grupos: las que escuchaban la serie y las que pensaban en esta cuestion.

Si todo acto o acción, trae consecuencias o tiene una reacción, la posibilidad de mantenernos neutrales a cualquier cosa es falsa. Esto, me lleva a pensar en la vida diaria, como cuando en una pelea de amigos te queres mantener neutral, es decir no decir nada ni tomar parte en la pelea, en realidad tampoco lo estas haciendo; estas tomando tu parte, la que dice llamarse silencio…pero no es silencio, porque te proclamaste neutral y eso lo único que hace es agregar una parte al conflicto que es la de no tomar parte y por lo tanto abandonar las partes. Pero…Abandonar ambas partes no es un signo de neutralidad y llamarse a silencio solo protege los intereses de una o incluso de dos partes.

Voy a dejar abierto a reflexión esto, aunque ya ven cuanto me puede afectar una serie.

Me gusta creer…

Muchas boludeces.

Por sobre todo y todas, las que me dicen que algún día voy a dejar de estar triste. Como cuando me da un rapto de optimismo en el trabajo, con algún alumno que me muestra que siente que puede con cualquier tema nuevo. Como cuando alguien me hace sentir menos fea o rara. Como cuando escucho a Tita Merello diciendo “Más si el bulto no interesa, ¿Por qué pierden la cabeza ocupándose de mi?“. Cuando puedo cantar una canción ridícula que amo (no especifico, porque son demasiadas).

También me gustaría creer que no me gustan las papas fritas, pero bueno, todo no se puede.

It’s been 84 years…

Okay, not quite…but still.

Pasó mucho tiempo desde que escribí por ultima vez, ¡pero tengo una buena excusa!

No realmente. Simplemente dejé que me ganara la inconsistencia. Tampoco ayudó la amargura de cotidianidades que no están bajo mi control, angustias (energía mal dirigida y sin intenciones).

Me doy otra oportunidad. Ojalá me la banque.

Self growth.

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar? ¿es resistencia o sabiduría? ¿es miedo?
Yo creo que es un poco de todo y un poco de nada al mismo tiempo. Quizás sabemos que es lo que queremos soltar y lo que va a venir; quizás es exactamente eso lo que tememos.